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Cultura Gastronómica

La cesta mediterránea: qué llevarse de cada pueblo costero (y qué no comprar jamás)

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La cesta mediterránea: qué llevarse de cada pueblo costero (y qué no comprar jamás)

Todos hemos vivido la misma escena: última tarde de vacaciones, prisa, y esa tienda de la esquina llena de llaveros, imanes y camisetas con el nombre del pueblo mal escrito. Este año, propón algo distinto. La costa española produce algunas de las mejores cosas del país, y la mayoría viajan perfectamente en una maleta o en una caja de cartón. Esta es nuestra cesta mediterránea, pueblo a pueblo.

Ibiza y las Pitiusas: la sal que lo sabe todo

Las salinas de Ibiza llevan más de dos mil años produciendo sal marina flor, y la denominación de origen Protegida Sal de Ibiza la ha convertido en producto de lujo gastronómico. Un tarro de sal en escamas, con su textura crujiente, transforma un tomate o un filete a la plancha. Se encuentra en herbolarios, delicatessen y en las propias salinas, donde también se visita el museo.

Alicante y la Marina: el turrón y la espuma de mar

Jijona y Villajoyosa son la capitalidad mundial del turrón. El de Alicante (duro, con almendra entera marcona) y el de Jijona (blando, untuoso) tienen indicación geográfica protegida, y las casas históricas de Villajoyosa permiten visitar los talleres. Si vas fuera de Navidad, mejor: menos cola, más selección. Y de la costa alicantina, las salazones de la bahía —anchoa en salazón, hueva de mar— son el recuerdo más antiguo de todos: los romanos ya las llevaban a Roma.

La Rambla y el Bajo Guadalquivir: cerámica con oficio

Aunque La Rambla (Córdoba) no es costera, su cerámica llega a medio litoral andaluz y merece hueco en cualquier cesta: la localidad es uno de los grandes centros alfareros de España, con piezas de lebrillo, botijos y azulejos pintados a mano. En Cádiz, por su parte, la tradición del salazón y la mojama sigue viva en los secaderos de la bahía de Cádiz y Barbate: una mojama bien cortada, envuelta al vacío, es el jamón del mar y aguanta el viaje sin protestar.

Levante: arroz, cítricos y vino de la montaña

Cataluña y el levante catalán: aceite, vino y anchoa

El aceite de oliva virgen extra del Baix Ebre-Montsià, el vino del Priorat o de la DO Empordà y, sobre todo, las anchoas de l'Escala y de la costa de Girona en salazón: tres formas muy distintas de llevarse el Mediterráneo a casa. Las anchoas, además, viajan bien y se conservan meses.

Málaga y la Axarquía: el dulce que viaja

El vino dulce de Málaga, con su propia denominación de origen, y las pasas de la Axarquía, secadas al sol en los secaderos de montaña, son los recuerdos más antiguos de la Costa del Sol. La almendra frita con miel, el ajoblanco en polvo o el aceite de la comarca completan una cesta que cabe en cualquier maletero.

Qué no comprar jamás (aunque te tiente)

Para que la cesta mediterránea no se contamine, una lista negra rápida: imanes fabricados en cualquier lugar menos en el pueblo que visitas; conchas y corales secos (muchos están protegidos y su venta es ilegal); paelleras de aluminio ultraligeras que se doblan al segundo uso; y cualquier "especialidad local" cuya etiqueta no sepa decirte dónde se fabricó. Si el vendedor no puede contestar de dónde viene, el producto no es del lugar.

Un último consejo: pregunta por el productor

La diferencia entre un recuerdo genérico y una pieza con historia suele estar en una sola pregunta: "¿quién lo hace?". Detrás de la sal de Ibiza hay salineras; detrás del turrón de Jijona, maestros turroneros de tercera generación; detrás de la cerámica de La Rambla, tornos que llevan siglos girando. Esa es la verdadera cesta mediterránea: productos con nombre, apellidos y denominación. El imán de nevera, ya sabes, se queda en la tienda.

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